Historia humana

Hola, soy Rodolfo, aunque los humanos me llaman… «lobo». Hace poco, aprendí a escribir en una escuela. Sé que es algo extraño para vosotros, pero tenía que expresar mi odio hacia los hombres, por esto que vosotros llamáis «cartas», gracias a mi padre que consiguió robar una a un ingenuo cartero…

Después de esta introducción, os preguntaréis qué es lo que me pasa. Os lo diré con gusto…

Hace poco tiempo, yo daba un rutinario paseo por el parque, hasta que vi una suculenta humana, más bien pequeña, vestida de rojo con una capucha que le cubría la cabeza. No pude resistirme a los acompañantes que llevaba en la mano, ya que la torta y la mantequilla son el postre preferido de los lobos. No fui tan violento como mis hermanos, ya que usé un viejo truco humano; entablar una conversación…

Ella me dijo que solo quería llevar esos alimentos a su abuela que había enfermado; aquí comenzó mi plan… Fingiendo que quería prestar mi ayuda, le recomendé un «atajo», siendo este, el camino más largo, mientras que yo me dirigía por el más corto.

Al llegar, me hice pasar por la niña, para que su linda abuelita, me recibiera en su casa, aunque no me percaté de que un «cazador» me había estado observando. Aun así entré, y tomé el entrante para el atracón que me esperaba. Después de esto, me vestí con los ropajes de la abuela, y esperé en la cama, el festín

Y ahí estaba, cuando oí la puerta, la hice pasar, y como era de esperar, se quedó asombrada con el aspecto de la «abuela». Hasta que después de varios comentarios, me entró la gula, y de un salto, me la comí. Habiendo completado mi atracón, decidí echarme una… siestecilla. De pronto, apareció ese estúpido cazador, y mientras disfrutaba de mi siesta, me abrió el vientre sacando a la niña y la abuela, sustituyéndolas por piedras, aperitivo que los lobos siempre hemos odiado. Cuando desperté, tuve bastante sed y cuando me acerqué al río, me desplomé y caí río abajo.

Los humanos sois unos aguafiestas, suerte que al hacer mis necesidades, me quité un gran peso de encima. Hasta pronto:

Rodolfo

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Íñigo Serra Matarranz, 2º ESO C

 

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