Estrellas

La última vez que se despertó fue en su cama. Abrió los ojos para miar al techo y se levantó suspirando.
Se puso las gafas, las mismas que había dejado tiradas de cualquier manera en la mesilla. Anduvo arrastrando los pies, a modo de muerto viviente, hasta su baño.
Abrió el grifo y se metió bajo la alcachofa de la ducha, de la cual empezó a salir agua templada cuando ya llevaba casi dos minutos bajo el torrente helado que poco a poco le iba quitando el sueño.
Tras salir de la pequeña burbuja, creada de manera improvisada en el baño, eligió la ropa al azar cuando Sigue leyendo

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El precio de Venus

Llevo viviendo en Francia 40 años de mi vida y puedo decir que los últimos 20 han sido bastante extraños. Yo vivía con mi familia en Montpellier, pero por diversas causas tuve que mudarme a París. Además, aquí tendría mayor facilidad para obtener fama y trabajo como artista, aunque siendo sinceros, las oportunidades han sido más bien escasas y en este periodo de tiempo, parece que sólo hay ojos para los enfrentamientos.

Desde la abdicación del rey Luis Felipe de Orleans, Francia ha sobrevivido mediante un Gobierno provisional en manos de republicanos moderados, radicales y socialistas. En apenas dos meses llevaron a cabo grandes reformas políticas y sociales, porque, seamos sinceros, el pueblo tenía sed de venganza y quería Sigue leyendo

Introspección por Navidad

Se acercaba la Navidad. Se apreciaba en el ambiente; las calles, las casas, las personas reflejaban la época en la que nos encontrábamos. Sin embargo, aquel año el espíritu navideño no llenaba mi interior, necesitaba más. Como consecuencia de lo que consideraba una necesidad llegaron mis acciones, y paralelamente las reacciones que de ellas se derivaron. Había convertido la fecha más esperada del año en un Sigue leyendo

Historia humana

Hola, soy Rodolfo, aunque los humanos me llaman… «lobo». Hace poco, aprendí a escribir en una escuela. Sé que es algo extraño para vosotros, pero tenía que expresar mi odio hacia los hombres, por esto que vosotros llamáis «cartas», gracias a mi padre que consiguió robar una a un ingenuo cartero…

Después de esta introducción, os preguntaréis qué es lo que me pasa. Os lo diré con gusto…

Hace poco tiempo, yo daba un rutinario paseo por el parque, hasta que vi una suculenta humana, más bien pequeña, vestida de rojo con una capucha que le cubría la cabeza. No pude resistirme a los acompañantes que llevaba en la mano, ya que la torta y la mantequilla son el postre preferido de los lobos. No fui tan violento como mis hermanos, ya que usé un viejo truco humano; entablar una conversación…

Ella me dijo que solo quería llevar esos alimentos a su abuela que había enfermado; aquí comenzó mi plan… Fingiendo que quería prestar mi ayuda, le recomendé un «atajo», siendo este, el camino más largo, mientras que yo me dirigía por el más corto.

Al llegar, me hice pasar por la niña, para que su linda abuelita, me recibiera en su casa, aunque no me percaté de que un «cazador» me había estado observando. Aun así entré, y tomé el entrante para el atracón que me esperaba. Después de esto, me vestí con los ropajes de la abuela, y esperé en la cama, el festín

Y ahí estaba, cuando oí la puerta, la hice pasar, y como era de esperar, se quedó asombrada con el aspecto de la «abuela». Hasta que después de varios comentarios, me entró la gula, y de un salto, me la comí. Habiendo completado mi atracón, decidí echarme una… siestecilla. De pronto, apareció ese estúpido cazador, y mientras disfrutaba de mi siesta, me abrió el vientre sacando a la niña y la abuela, sustituyéndolas por piedras, aperitivo que los lobos siempre hemos odiado. Cuando desperté, tuve bastante sed y cuando me acerqué al río, me desplomé y caí río abajo.

Los humanos sois unos aguafiestas, suerte que al hacer mis necesidades, me quité un gran peso de encima. Hasta pronto:

Rodolfo

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Íñigo Serra Matarranz, 2º ESO C

 

Caperucita Roja

Érase una vez un lobo que vivía en un espeso y frondoso bosque. Sí, ese era yo.

Mi vida no era nada fuera de lo común, era un animal que se dedicaba a cazar para poder alimentarse. En esa época del año apenas se veían presas y empezaba a escasear la comida.

Un buen día, estaba sentado en el sofá, cuando Sigue leyendo