Estrellas

La última vez que se despertó fue en su cama. Abrió los ojos para miar al techo y se levantó suspirando.
Se puso las gafas, las mismas que había dejado tiradas de cualquier manera en la mesilla. Anduvo arrastrando los pies, a modo de muerto viviente, hasta su baño.
Abrió el grifo y se metió bajo la alcachofa de la ducha, de la cual empezó a salir agua templada cuando ya llevaba casi dos minutos bajo el torrente helado que poco a poco le iba quitando el sueño.
Tras salir de la pequeña burbuja, creada de manera improvisada en el baño, eligió la ropa al azar cuando abrió el armario, y se vistió mirando a la pared. Sus días eran aburridos y su rutina no cambiaba.
Caminó a su pequeña cocina, casi minúscula, dentro de un piso de apenas veinticinco metros cuadrados.
En cualquier momento, pared que amenazaba con caerse hacía ya meses se inclinaría todavía más hacia la habitación, y entonces aquel piso sería desalojado con todo lo que la persona que lo poseía tenía allí dentro. Pero no tenía especial preocupación, ya que entonces se iría a vivir al coche, un pequeño Ford, del tamaño aproximado de una lata de sardinas y con la misma hospitalidad fría de un ataúd. No podría decir que tenía una casa, aunque no le preocupaba tanto como cabría esperar. De hecho, apenas podría decir que tenía un vehículo. Tal vez simplemente no le importaba.
No tenía la certeza de poder salvarse del derrumbe de la cocina, y tampoco poder salvarse en un sentido más existencial. Había pasado por la vida de manera tranquila, casi invisible, apenas ruidosa. Toda la vida esperando a cumplir su único sueño, aquel que mantenía imposible para que la realidad no desmereciera su importancia irreal, aquella que solo los sueños son capaces de desprender, ya que viven en la imaginación, donde todo es perfecto. El pequeño mapa, chincheteado a la pared resquebrajada de la
habitación, indicaba un lugar casi desde que había nacido. Era un mapa estelar.
Pero era una persona cobarde, y como buena muestra de voluntad conformista, arrancó el mapa unos minutos después, fue a trabajar y al final del día volvió a su cama. Cerró los ojos, apretó los parpados y deseó con todas sus fuerzas ser valiente. Y esa fue la última vez que se despertó, habiendo cumplido su sueño. Nunca abrió los ojos de nuevo porque estaba con las estrellas.

Itziar Gregorio Ortiz
1º Bachillerato B

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