La emperatriz de los etéreos

Reseña escrita por una alumna de 1º Bachillerato A del libro «La emperatriz de los etéreos», de Laura Gallego.

Aquel libro…

No me acuerdo del día, ni del año, ni siquiera de si era verano o invierno; pero lo que sí recuerdo es que me marcó, aquel libro que incluso antes de sumergirme en su hermosa historia fantástica me susurraba «léeme»; aquel libro cuya portada mostraba una bella estampa de ese copo de nieve de cristal tan frágil y delicado que el más mínimo golpe podría romperlo; aquel libro cuyo nombre era «La Emperatriz de los Etéreos» de Laura Gallego.

Desde el primer momento me enamoré de sus personajes, tanto de la testaruda Bipa, como del soñador de Aer. Me introduje tanto en lo que se narraba que hasta sentía sus emociones, como si fuese yo la que estaba viviendo todas esas experiencias, como si fuese yo la propia protagonista de esa historia sin final.

Bipa no creía en los cuentos de hadas. No le interesaba nada más allá de las cuevas donde vivía su gente al resguardo de los peligros del exterior y de lo desconocido. A diferencia de Aer, hijo del extranjero que una vez partió y ya nunca regresó, ya que se fue para hallar la estrella azul donde vivía la Emperatriz de los Etéreos. Y como no podía ser de otra forma, la añoranza de Aer por encontrar a su padre lo llevó a la locura y un día se fue en busca de ese reino donde todo era de cristal, del que poseía aquel copo de nieve que su padre le había entregado antes de marcharse por última vez.

Bipa, al enterarse de su partida, decidió ir tras él, pues un chico con la condición física de Aer no aguantaría las bajas temperaturas ni la escasez de alimento. Ella lo consideraba un inmaduro e ignorante y nunca le había caído bien. Habría sido más fácil dejar que él siguiera su camino y olvidarse de preocupaciones; pero la madre del chico estaba mayor y no soportaría perder también a su hijo.

Aer estaba hipnotizado por esa estrella, la cual causaba tal atracción que ya no era él. Era como un robot, se había olvidado hasta de amar, ya no hablaba, ya no comía y se iba convirtiendo poco a poco en cristal según se iba acercando a esta. De hecho, a Bipa también le sucedía, cada vez le costaba más recordar quién era ella; pero lograba traer a su mente recuerdos de su hogar, del calor de las cuevas y eso le daba fuerzas para continuar.
Cuando Aer estaba a punto de ser consumido por la estrella, Bipa consiguió alcanzarlo, después de meses siguiendo sus pasos. Bipa lo llamaba, pero él no reaccionaba; él seguía caminando. Entonces, presa de la desesperación, Bipa intentó hacerlo despertar de esa hipnosis, pues tenía miedo de perderlo ya que lo amaba profundamente, aunque se lo hubiese estado negando a sí misma durante todos esos años.

Finalmente, Bipa lo consiguió y Aer entendió que si daba un paso más moriría. Acabaron por volver a las cuevas, aunque ya no eran los mismos, habían cambiado; pero esa experiencia los unió para siempre.

Cuando acabé dicho libro, reflexioné sobre la importancia de luchar por conseguir nuestras metas; pero siempre siendo realistas y ajustándonos a las capacidades que cada uno tiene y que si lo deseamos, le podemos sacar mucho partido.

Sara Gonzalo, 1º Bachillerato A

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