La bella pirata

Érase una vez una bella muchacha llamada Mar, que vivía en una bella ciudad pero que desgraciadamente estaba pasando por un año muy malo en el que no había dinero. Esta ciudad era Bellamar, y os preguntaréis por qué: pues se llamaba así porque estaba rodeada por mares y todos los ciudadanos se esforzaban para que sus mares estuviesen limpios y ningún día se lo saltaban.

Mar era muy bella. Su hermoso cabello era rubio, sus bellos ojos azules como el mar. Pero sus ropas eran trapos viejos por la economía del país, sus ropas tapaban una mancha de nacimiento que curiosamente tenía forma de corona.

Un día el consejero del rey puso un anuncio y el consejero a continuación dijo:

-El próximo viernes partirá un barco en le puerto Billamar en el que se necesitan tripulantes.

Mar se quedó perpleja y mientras él continuaba hablando:

-Se darán 100.000.000 doblones de oro de recompensa

Entonces eso le abrió los ojos a Mar.

Llegó el día de partir, Mar cogió rápidamente una bolsa y metió telas y tijeras, y eso fue lo único que se llevó.

Antes de pasar a bordo se escondió en un callejón y se puso una capa para que nadie viera que era una chica.

Cuando se iba aproximando se ponía cada vez más nerviosa. Cuando llegó el hombre le dijo:

-Hola, marinero de agua dulce, su nombre é

Él se quedó pensativo y le respondió:

-Uhmmm.. ¿Cuántos años tienes, grumete?

-Yo… tengo quince años, capitán –suspiró

-Bueno, pase y… busque un lugar donde dormir.

Ella, resoplando, se vio aliviada, pero no podría llevar la capucha todo el tiempo, así que decidió hacerse una peluca. Poco después llegó un muchacho firme que parecía ser un buen chico. Mar enseguida se enamoró de el. No quedaban muchos sitios y él preguntó:

-¿Queda algún hueco libre?

Al lado de Mar había uno, ella le dijo que a su lado había un sitio, él se acercó y le dio las gracias.

-Hola, muchas gracias por indicarme dónde dormir

-De nada, hombre

-¿Cómo te llamas?

-Yo… Tom Jordan

-Encantado, Tom. Yo soy Alejandro Antonio de la Vega, pero llámame Alejandro

Estuvieron hablando un buen tiempo.

Se hicieron muy buenos amigos.

 

Un día le quitaron a Mar su bolsa de oro, monedas que fue ahorrando, y otro marinero le intentó tirar del pelo y ahí fue cuando se descubrió su secreto de que era una chica, y desgraciadamente el capitán estaba delante cuando ocurrió.

El capitán se rio con sarcasmo y dijo:

-Mmmm, así que eres una chica, me temo que no puedes estar aquí

Ella preguntó por qué y el capitán respondió:

-Porque no nos sirves

-Una mujer tiene los mismos derechos que un hombre.

Al escuchar eso el capitán se enfadó y dijo:

-Llevadla a las mazmorras.

La arrastraron hasta un pequeño calabozo que se encontraba en las entrañas del barco, la metieron de golpe y luego le echaron su bolsa y un baúl lleno de ropas viejas. El capitán dijo:

-Ya tienes trabajo, arregla todo y déjalo como nuevo, y agradece que no te hayamos pasado por la quilla.

Seguidamente cerraron la puerta. Poco después se acercó Alejandro y habló con ella:

-Hola, Mar.

-¿Cómo sabes mi nombre? -contestó ella, perpleja.

-Porque lo pone en un collar que llevas.

-Pero….

-Y además esos preciosos ojos no podían pertenecer a un hombre.

Ella se sonrojó y no tuvieron mucho más tiempo para hablar, porque el vigilante se aproximó a él.

Pasaron diez días y seguía allí. Cuando era la hora de comer de repente se abrió la puerta, entró el capitán y dijo:

-Usted, señorita, venga conmigo.

-Ella le siguió y la llevó a la cubierta.

-A ver si mereces estar en la tripulación, dispara a ese muñeco

-Ella apuntó y dio en toda la cabeza.

Él se quedó perplejo.

-Vuelves a la tripulación -dijo arrepentido.

Tiempo después llegaron de nuevo a Bellamar y a cada uno de dieron lo acordado, recogió sus cosas y fue al palacio. Cuando llegó se presentó a sus majestades diciendo:

-Con todo mi esfuerzo y trabajo he conseguido dinero para salvar al país, que malamente lo están pasando

-Muchas gracias, joven muchacha, te lo agradecemos y ¿cuántos años tienes?

-Yo acabo de cumplir dieciséis años esta mañana, majestad.

Entonces a la reina se le pusieron los ojos llorosos. Ella se acercó y vio la mancha de nacimiento.

-¡No puede ser! -exclamó- A nosotros nos robaron a nuestra hija. Hoy hubiera cumplido dieciséis años y tenía esa mancha y también se llamaba Mar.

Mar se quedó perpleja y asombrada. Descubrieron el pasado y la alegría de su familia. Pocas horas después salieron al balcón y anunciaron a todo el país la gran noticia.

Mar fue por todas las calles a repartir el mejor regalo de Navidad, la felicidad.

Al día siguiente sus padres estuvieron hablando de la maldición que le echó la bruja a Mar en su bautizo.

Mar subió unas escaleras, se terminaron y había una puerta. Ella la abrió y allí se encontraba una rueca, se acercó y al tocar la aguja se pinchó y de repente Mar y todo el reino entraron en un sueño eterno.

Años después, Alejandro se acercó al reino y todo el mundo estaba dormido. Pasó a unos aposentos y allí estaba Mar.

Se acercó y la besó y Mar abrió los ojos y todo el mundo se despertó.

Meses después se casaron y fueron felices y comieron perdices.

Lorena Sánchez Guijarro, 1º ESO C

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